Peter Kurten y Charles Starkweather

Peter Kurten (1883-1931)

“El Vampiro de Düsseldorf”

“Yo necesito sangre de la misma manera que otros necesitan alcohol”.

Peter Kürten nació en 1883, en la ciudad de Köln-Mulheim (Alemania). Vivió una infancia sobrecargada de violencia. Sufrió toda clase de abusos en el cuarto donde vivía hacinado junto con sus padres y doce hermanos. El padre de Kürten era un brutal obrero alcohólico que con frecuencia obligaba a su esposa a desnudarse para tener relaciones sexuales frente a sus hijos; más tarde, iría a prisión por violar a su propia hija, la hermana de Kürten. Al igual que su padre, el niño Peter Kürten abusaba sexualmente de sus hermanas menores. Años después, influenciado por un vecino que trabajaba en la perrera, Kürten comenzó a practicar la zoofilia. Además era un fascinado testigo de las torturas que el vecino aplicaba a los perros.

A los nueve años de edad, Kürten empujó desde una balsa a un compañero de juegos mientras estaban a orillas del río Rhin. Otro chico saltó al agua para ayudar al primero pero Kürten los golpeó en la cabeza, provocando que ambos se ahogaran. La policía investigó, pero Kürten dijo que había sido un accidente y le creyeron. Sólo se sabría la verdad muchos años después, cuando Kürten, ya adulto, hiciera una extensa confesión ante las autoridades.

En 1895, Kürten se mudó junto con su familia a la ciudad de Düsseldorf. No había dejado la zoofilia y constantemente tenía sexo con borregos, cabras y cerdos. También se masturbaba de manera compulsiva. Se transformó en un acosador y molestaba frecuentemente a sus hermanas menores, de quienes seguía abusando, y a sus compañeras de escuela.

Escudo de Düsseldorf

A los catorce años, Peter Kürten se fugó de su casa. Vagó por caminos y pueblos cercanos, asaltando a las jóvenes que encontraba a su paso: las golpeaba, las violaba y les quitaba el poco dinero que llevaran encima. Un año después volvió a su casa y consiguió trabajo como aprendiz de moldeador, el mismo oficio de su padre, a quien odiaba. Cometió un robo en su nuevo trabajo y tuvo que salir huyendo. Dejó Düsseldorf y se estableció en Coblenza, donde conoció a una prostituta que practicaba actos de violencia y perversión; ella le enseñó muchas cosas sobre el sexo sucio. Al poco tiempo fue arrestado por robo. Permaneció en prisión hasta 1899, yéndose a vivir con otra prostituta masoquista que le doblaba la edad.

Düsseldorf a finales del siglo XIX

En noviembre de 1899, Kürten llevó con engaños a una campesina hasta el bosque Grafenberger. Le había ofrecido dinero a cambio de sexo y la chica accedió. La penetró sin mayores preámbulos y, mientras eyaculaba, comenzó a estrangularla. Los espasmos aumentaron su placer y Kürten ya no se detuvo hasta dejarla inconsciente.

A partir de 1900, Kürten fue arrestado en diversas ocasiones acusado de fraude, robo e intento de homicidio. Era un preso que se aislaba de los demás. Para 1904 fue liberado, se enroló en el ejército pero desertó casi enseguida. Había pasado meses fantaseando con un nuevo interés. Durante semanas, Kürten recorrió las granjas cercanas a Düsseldorf y se dedicó a incendiar graneros. Era un pirómano, le obsesionaba la idea de que en el interior de los sitios que encendía hubiese animales o personas que murieran abrasadas por las llamas. Kürten se quedaba horas contemplando los fuegos a una distancia prudente. Oía a los cerdos y a los caballos morir presas de la desesperación y sonreía. En ocasiones, algunos vagabundos quedaron atrapados en los graneros y Kürten vio a varios de ellos correr envueltos en llamas, u oía sus alaridos de dolor y desesperación. Mientras miraba o escuchaba la agonía de sus víctimas, se masturbaba.

Esta fiebre incendiaria duró un año. En 1905 fue sentenciado por robo a otros siete años de cárcel, lapso en que Kürten se dedicó a envenenar a otros reclusos en el hospital de la prisión. Al ser liberado en 1912, violó a una sirvienta y poco después se le vio acosando a mujeres en un restaurante local. Un mesero quiso intervenir y Kürten lo ahuyentó disparándole con una pistola. Lo arrestaron y estuvo otro año en la cárcel. En el mes de mayo de 1913, Kürten se introdujo a un bar en su ciudad natal. Los dueños del local no estaban, pero habían dejado dormida a su hija Christine KIeinde, de trece años de edad. Kürten la contempló unos minutos mientras dormía. Después buscó un cuchillo, le tapó la boca con la mano y comenzó a cortarle la garganta. La niña se desangró y Kürten, según contaría años después, disfrutó de sus espasmos agónicos. Se inclinó sobre el cuello y bebió la sangre que brotaba a borbotones de la garganta abierta. Después introdujo sus dedos en la vagina de la niña y chupó sus líquidos. Como un gesto de desafío, escribió con la sangre sus iniciales en un pañuelo antes de marcharse. Pero la suerte estaba de su lado: el padre de la niña había discutido recientemente con su hermano, quien lo amenazó con “hacerle algo que recordaría toda su vida”. El tío de Christine Kleinde fue acusado y juzgado por el asesinato de su sobrina, y finalmente absuelto por falta de evidencia. Kürten se dedicó a seguir el proceso con interés.

Kürten enloquecía cada vez más. Consiguió un hacha y se dedicó a atacar a transeúntes por las calles de Düsseldorf. Sus víctimas en esa racha sumaron veintidós personas. Experimentaba orgasmos al contemplar la sangre manando del cuerpo de sus víctimas. Luego trató de estrangular a dos mujeres. Lo capturaron y estuvo otros ocho años en prisión. Mientras se hallaba en la cárcel, estalló la Primera Guerra Mundial.

Fue liberado en 1921 y se mudó a Altenburg. A sus nuevos vecinos les contaba unas supuestas aventuras como prisionero de guerra en Rusia, cosa que era falsa por completo. En Altenburg conoció a su futura esposa, una ex prostituta recién liberada de la cárcel, donde había ingresado por dispararle a su novio. La joven rechazó su propuesta de matrimonio, pero accedió a la boda cuando Kürten la amenazó con matarla. La mujer hizo la vista gorda ante las infidelidades de Kürten y su afición por el delito. Kürten no la maltrataba; se limitaba a ignorarla y utilizarla como sirvienta. Ni siquiera sostenía relaciones sexuales con ella.

En 1925, Kürten regresó a Düsseldorf; años después contaría que la tarde de su llegada, se había deleitado con una puesta de sol rojiza como la sangre. En palabras del escritor Rafael Aviña: “Ha llegado el momento acariciado largo tiempo: la hora del vampiro. Un verdadero vampiro humano que asolará las calles de Düsseldorf”. Se instaló y de inmediato recomenzó su frenesí asesino. Asaltaba mujeres en la calle, las golpeaba y las violaba en callejones oscuros; incendió más granjas y graneros e incluso dos casas de la ciudad; e intentó estrangular a cinco jovencitas, a quienes dejó inconscientes y heridas.

El 3 de febrero atacó con unas tijeras a una obesa mujer apellidada Kuhn; le causó veinticuatro heridas, muchas de ellas en la cabeza, y la dejó moribunda en la calle, no sin antes beber su sangre. La víctima sobrevivió de milagro a ese ataque brutal y describió a su atacante como “un vampiro”. La gente bautizó entonces a Kürten con el apelativo que pasaría a la historia: “El Vampiro de Düsseldorf”.

El 13 de febrero, Kürten acuchilló a Rudolf Scheer, un mecánico ebrio: veinte puñaladas en la cabeza y el cuello le ocasionaron la muerte y Kürten también bebió la sangre de su víctima.

El 9 de marzo, Rase Ohliger fue encontrada en una construcción en Düsseldorf: había sido violada, acuchillada en trece ocasiones, habían bebido su sangre y el cadáver presentaba rastros de quemaduras con parafina. Su cabeza presentaba profundos cortes. Comparando los pocos indicios, los detectives asignados al caso encontraron que estas tres últimas víctimas habían sido marcadas por heridas punzocortantes en las sienes.

En abril la policía detuvo a un hombre, trastornado de sus facultades mentales, que estaba de paso por la ciudad. Había agredido a mujeres del lugar, pero las autoridades no encontraron evidencia que lo relacionara con los homicidios y fue enviado a un asilo. Entonces Kürten cambió de táctica e intentó estrangular y violar a cuatro mujeres.

La gente lee un anuncio sobre los últimos ataques de Kürten

El 29 de agosto, Kürten enloqueció por completo. Por la mañana estranguló y arrojó al río a una adolescente llamada Anni. Casi enseguida hizo lo mismo con Christine Heerstrase. Excitado y sediento de sangre, más tarde estranguló y apuñaló a María Hahn, a quien enterró a las orillas del Rhin. Después asesinó a dos niños de cinco y catorce años, cortándoles la garganta, y finalizó apuñalando a otras tres víctimas, que milagrosamente quedaron vivas.

Al otro día, el 30 de agosto, Kürten regresó al sitio donde enterró a Maria Hahn. Escarbó la tierra hasta sacar el cadáver, ya con los primeros signos de putrefacción. Kürten violó el cadáver putrefacto, cubierto de lodo y sangre seca, mientras besaba y mordisqueaba los labios de la muerta. En un acto extraño, intentó crucificarla contra el tronco de un árbol para que la hallaran pronto, pero no lo consiguió, así que la enterró en otro sitio cercano.

Ese mismo día atacó a otra chica, Gertrude Schulte, quien se dirigía a la feria de Neuss. Kürten la abordó diciéndole obscenidades; le espetó que quería tener sexo con ella y Schulte respondió con una frase fatal: “¡Prefiero morirme!” “Bien. Entonces, muere”, contestó Kürten, y la acuchilló repetidament antes de escapar. Pero Gertrude sobrevivió al ataque y dio a la policía una completa descripción de su agresor.

El departamento de Kürten

Sin embargo, la policía de Düsseldorf no creía que un solo individuo fuera el autor de aquella carnicería. En septiembre, Kürten trató de estrangular a tres mujeres más. A una la arrojó al río, pero todas sobrevivieron. Otras no tuvieron tanta suerte: Ida Reutler murió cuando Kürten le destrozó el cráneo a martillazos antes de beber su sangre.

El 7 de noviembre, Gertrude Alberman, de cinco años de edad, fue reportada como desaparecida en Düsseldorf. Dos días después hallaron su cadáver, luego de que Peter Kürten enviara a un periódico local la ubicación del sitio exacto donde lo había dejado; fue estrangulada y acuchillada treinta y seis veces. Kürten bebió su sangre y la violó post mortem. Cuando la policía rodeó la zona, entre los curiosos que acudieron a presenciar el hecho estuvo el mismo Kürten, quien declaró sentirse excitado al estar allí. Siguiendo los datos proporcionados por la carta de Kürten al periódico, la policía también desenterró los restos de María Hahn, igualmente violada después de muerta.

En los cinco meses siguientes, el frenesí de Kürten disminuyó. Aunque intentó estrangular, violar y acuchillar a diez chicas, falló en todos los intentos. Enloquecido, le contó todos sus crímenes a su mujer, quien lo denunció a la policía ese mismo día. Kürten fue arrestado otra vez a finales de mayo de 1930. Antes de su detención, la policía había interrogado a nueve mil personas, seguido tres mil pistas, e incluso había consultado a médiums.

Ya con Kürten detenido y confeso, seguían negándose a creer que los crímenes eran sólo obra suya. El juicio de Kürten dio inicio el 13 de abril de 1931 y finalizó ocho días después. Al jurado le llevó tan sólo noventa minutos condenarlo por nueve cargos de asesinato, aunque según Kürten fue responsable de 79 asaltos y por lo menos trece asesinatos.

Peter Kürten durante el juicio

Entre los que asistieron al juicio se encontraba un artista: el cineasta Fritz Lang, quien había escrito el guión de lo que sería su película M, el vampiro de Düsseldorf. Kürten reveló que bebía la sangre de sus víctimas porque padecía hematodipsia, una extraña enfermedad mental. El jurado rechazó el alegato. El psiquiatra Karl Berg lo describió como “el rey de los pervertidos sexuales” y publicó un libro basado en el caso, titulado Der Sadist.

Sacado de: http://escritoconsangre1.blogspot.com/2009/06/peter-kurten-vampiro-de-dusseldorf.html

Charles Starkweather (1938-1959)

“Little Red”

Caril Ann Fugate y Charles Starkweather.

Caril Ann Fugate y Charles Starkweather.
“Las personas que yo maté me habían matado a mí. Me habían matado lentamente. Yo era mejor que ellas. Yo las maté deprisa”.

“Entre más miraba a la gente, más la odiaba”

NÚMERO DE VÍCTIMAS: 9

FECHA DE ASESINATOS: 1957-1958

FRASE MEMORABLE: “Los muertos son todos iguales”

ÚLTIMAS PALABRAS: “Soy culpable. Puedo aceptar mi castigo. Perdón por lo que hice pero esta hecho.”

Charlie nació el 24 de noviembre de 1938, en plena recesión económica, fruto de la crisis del año 1929. Aunque su familia tenía escasos recursos, no llegó nunca a pasar hambre y tenían un techo y un hogar estable. Su padre, Guy, era carpintero y no le faltaba trabajo. Además, en su comunidad era una persona respetada y tenía reputación de ser un padre bueno para sus hijos. El aspecto físico de Charlie le procuró un serio complejo en la infancia, y creció siendo un muchacho maltratado en el colegio. Se convirtió en el niño blanco de las crueles burlas y golpes de sus compañeros, y cuando llegó a la adolescencia, cambió su carácter, pasando a ser de maltratado a maltratador. Comenzó a pelearse con todos y tomó como referente al mismísimo James Dean. Se vestía y peinaba como él y puso la filosofía del rebelde en su vida.

En 1956, conoció a la joven Caril Fugate, de trece años, y comenzó a salir con ella. Charlie encontró en la niña a una persona a la que impresionaba, y ella en respuesta, le brindaba un cariño y unas atenciones que nadie le había dado antes. A los dieciséis años, dejó la escuela y comenzó a trabajar, mientras mantenía su relación con Caril. Ambos practicaban con el coche del padre de Charlie, y fueron estas práciticas las que causaron el fin de la relación entre padre e hijo. Caril tuvo un accidente con el coche y tuvo que pagarlo Guy, por lo que reprendió a su hijo y le echó de casa, harto de pagar facturas por la mala cabeza de Charlie. Sin dinero, desahuciado de su casa y de la casa de huéspedes donde vivía tras salir del hogar familiar, soñaba con un mundo mejor.

El mes de diciembre de 1957 decidió comprar un peluche a Caril, pero no tenía dinero para hacerlo. Fue hasta a la gasolinera donde lo había visto, e intentó que el dependiente se lo fiara. Tras negarse este, salió y volvió tras un rato, para comprar tabaco. Salió y cogió un rifle de su coche. Volvió a entrar y disparó contra el muchacho, matándolo en el acto.

La policía no relacionó al joven con el crimen, aunque sí que le interrogó. Esta sensación de impunidad le hizo envalentonarse y subir su ánimo, y contó a Caril que había cometido el robo, pero no el asesinato. Unos días más tarde, Charlie acudió a la casa de los Bartlett, nombre que tomó la madre de Caril tras casarse de nuevo con Marion Bartlett. Allí discutió con la madre y padastro de Caril y llevado por la ira, los mató. La pequeña Betty Jean, hermanastra de su novia, también fue víctima de la crueldad de Charlie. Cuando llegó Caril de la escuela, se encontró con la escena.

Caril pasó varios días con Charlie encerrados en casa, disfrutando de su compañía tras la desaparición de su familia. Se iniciaba una trayectoria en común que, a día de hoy, todavía no se ha podido aclarar si fue voluntaria, o por el contrario la joven actuó coaccionada por la voluntad del psicópata. La policía, a petición de varios familiares, interrogó a Caril, interesándose por la ausencia de los adultos y la pequeña Betty Jean, pero ella les convenció de que habían salido de viaje, y no sospecharon nada. Incluso ante la petición de Guy, padre de Charlie, de que lo interrogaran a él.

Cuando encontraron los cadáveres, ya habían escapado. Se refugiaron en la granja de un amigo de la familia, que al día siguiente murió de un disparo en la cabeza. Al escapar de la propiedad, se cruzaron con Robert Jensen y Carol King, una pareja de 17 y 16 años, que fueron llevados a un cobertizo abandonado y asesinados a tiros. Inexplicablemente, regresaron a Lincoln, su pueblo natal, pero ante la presencia policial en casa de Caril, decidieron salir de nuevo.

Al día siguiente, estaban siendo buscados por tres asesinatos más y tuvieron que actuar con rapidez. Llegaron hasta la casa de Lauer Ward, un industrial amigo del gobernador y la asaltaron. En el hogar, de un nivel alto, se encontraban la esposa de Ward, Clara y su asistenta, Lilian Fencl. La primera acabó acuchillada tras, según Charlie, tratar de dispararle con una pistola. Varias puñaladas en el cuello y en el pecho terminaron con su vida. El marido llegó a casa desde el trabajo, y tras unos minutos de tensa discusión, recibió un disparo que lo mató. La asistenta fue la siguiente en morir. Tras encontrarse los cuerpos, el gobernador movilizó a toda la policía y FBI del estado para atrapar a la pareja.

El 29 de enero de 1958 se hicieron con el coche de un vendedor ambulante de Montana, Merle Collison. Su cadáver fue puesto junto al conductor, y Caril viajaba detrás. Pero el coche no arrancaba y Charlie se puso nervioso. Pidió ayuda a punta de pistola a un joven que acertó a pasar por allí, pero este se resistió y llamó la atención de un ayudante del Sheriff de Wyoming. Caril aprovechó la ocasión y salió del coche gritando que él era Charlie Starkweather y que había matado a un hombre.

Fueron detenidos, juzgados y Charlie acabó en la silla eléctrica el 25 de junio del año siguiente.
En cuanto a Caril, la defensa esgrimió que fue un rehén de Charlie y fue puesta en libertad tras 20 años de prisión.

Sacado de: http://lacronicanegra.blogspot.com/2008/11/charlie-starkweather-un-asesino-sin.html

Para más información: http://grotesqueandarabesque.blogspot.com/2012/06/charles-starkweather.html

 

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